¿Quiénes somos?

Sur Oeste de Houston Intergrupo de Alcoholicos Anonimos

Somos Alcohólicos Anónimos

Somos una comunidad internacional de hombres y mujeres que ha tenido un problema con la bebida. Es no profesional, automantenida, multiracial, no política y disponible en casi todo el mundo. No hay requisitos referentes a edad ni nivel de educación.

Puede hacerse miembro cualquier persona que desee hacer algo para solucionar su problema con la bebida. Desde su publicación en 1939, este texto básico ha ayudado a millones de hombres y mujeres a recuperarse del alcoholismo.

Actualmente disponible en la Tercera Edición aprobada por la Conferencia de Servicios Generales, el Libro Grande contiene las historias de los cofundadores, y de muchos miembros de diversa procedencia que han encontrado la recuperación en la Comunidad mundial.

Con grupos locales, en miles de comunidades, somos parte de una organización internacional con miembros en más de 180 países. Tenemos un solo objetivo primordial: mantenemos sobrios y ayudar a otros a que busquen nuestra ayuda a fin de que obtengan y alcancen el estado de sobriedad.

No somos reformistas y no estamos aliados con ningún grupo, causa o creencia religiosa. No tenemos el deseo de hacer que el mundo se vuelva seco (sobrio). No reclutamos nuestros nuevos miembros, pero los recibimos. Evitamos imponer nuestras ideas acerca del beber anormal de otros, a menos que se nos pida nuestra opinión.

Entre nuestros miembros pueden encontrarse personas de todas las edades y diferente condición social, económica y cultural. Algunos de nosotros bebimos durante años antes de convencemos de que no podíamos controlar el alcohol. Otros tuvieron la suerte de darse cuenta en su juventud o al principio de sus “carreras alcohólicas”, de que la bebida para ellos era algo inmanejable.

Las consecuencias de nuestro beber alcohólico también varían. Algunos de nosotros nos habíamos convertido literalmente en “perdidos” antes de llegar a Alcohólicos Anónimos en busca de ayuda. Habíamos perdido nuestras familias, nuestro puesto en la sociedad y nuestro propio respeto. Habíamos vivido en los bajos fondos en muchas ciudades, siendo hospitalizados y encarcelados un número incontable de veces. Algunos de nosotros habíamos cometido muchos y graves delitos contra la sociedad, contra nuestras familias, contra nuestros patronos y contra nosotros mismos.

Otros entre nosotros nunca habíamos sido puestos presos u hospitalizados. Ni siquiera habíamos perdido los empleos debido a la bebida. Pero aún así finalmente llegamos a la conclusión de que el alcohol nos estaba dificultando el vivir normalmente. Cuando descubrimos que aparentemente no podíamos vivir sin el alcohol, también buscamos la ayuda de A.A. antes de continuar con nuestra irresponsable modalidad de beber.

Todas las grandes religiones están representadas en nuestra comunidad y muchos líderes religiosos han apoyado nuestro crecimiento. Hay aún una minoría entre nosotros que se llaman a sí mismos ateos o agnósticos. El creer o pertenecer a un credo particular no es condición indispensable para ser miembro de Alcohólicos Anónimos.

Estamos unidos por nuestro problema común: el alcoholismo. El reunimos, conversar y ayudar a otros alcohólicos, todos juntos, nos permite mantenemos sobrios y nos ayuda a dominar completamente la obsesión por beber, que en otros tiempos fue una fuerza poderosa en nuestras vidas.

No creemos que seamos los únicos que tengamos la respuesta al problema del alcoholismo. Sabemos que el programa de AA trabaja para nosotros y hemos comprobado que también trabaja sin excepción, con los que lo aplican sinceramente y que honestamente quieran dejar de beber.

A través de AA hemos aprendido muchas cosas acerca del alcoholismo y de nosotros mismos. Tratamos de mantener estos hechos bien presentes en nuestra mente en todo momento, pues parece ser la llave de nuestra sobriedad. Para nosotros, la sobriedad siempre tiene que venir primero.

Los Doce Pasos de Alcohólicos Anónimos

1. Admitimos que éramos impotentes ante el alcohol, que nuestras vidas se habían vuelto ingobernables.

2. Llegamos a creer que un Poder superior a nosotros mismos podría devolvernos el sano juicio.
3. Decidimos poner nuestras voluntades y nuestras vidas al cuidado de Dios, como nosotros lo concebimos.
4. Sin miedo hicimos un minucioso inventario moral de nosotros mismos.
5. Admitimos ante Dios, ante nosotros mismos, y ante otro ser humano, la naturaleza exacta de nuestros defectos.
6. Estuvimos enteramente dispuestos a dejar que Dios nos liberase de nuestros defectos.
7. Humildemente le pedimos que nos liberase de nuestros defectos.
8. Hicimos una lista de todas aquellas personas a quienes habíamos ofendido y estuvimos dispuestos a reparar el daño que les causamos.
9. Reparamos directamente a cuantos nos fue posible el daño causado, excepto cuando el hacerlo implicaba perjuicio para ellos o para otros.
10. Continuamos haciendo nuestro inventario personal y cuando nos equivocábamos lo admitíamos inmediatamente.
11. Buscamos a través de la oración y la meditación mejorar nuestro contacto consciente con Dios, como nosotros lo concebimos, pidiéndole solamente que nos dejase conocer su voluntad para con nosotros y nos diese la fortaleza para cumplirla.
12. Habiendo obtenido un despertar espiritual como resultado de estos pasos, tratamos de llevar el mensaje a los alcohólicos y de practicar estos principios en todos nuestros asuntos.

Las Doces Tradiciones de Alcohólicos Anónimos

1. Nuestro bienestar común debe tener la preferencia; la recuperación personal depende de la unidad de A.A.

2. Para el propósito de nuestro grupo sólo existe una autoridad fundamental: un Dios amoroso tal como se exprese en la conciencia de nuestro grupo. Nuestros líderes no son más que servidores de confianza. No gobiernan.
3. El único requisito para ser miembro de A.A. es querer dejar de beber.
4. Cada grupo debe ser autónomo, excepto en asuntos que afecten a otros grupos o a Alcohólicos Anónimos, considerado como un todo.
5. Cada grupo tiene un solo objetivo primordial: llevar el mensaje al alcohólico que aún está sufriendo.
6. Un grupo de A.A. nunca debe respaldar, financiar o prestar el nombre de A.A. a ninguna entidad allegada o empresa ajena, para evitar que los problemas de dinero, propiedad y prestigio nos desvíen de nuestro objetivo primordial.
7. Todo grupo de A.A. debe mantenerse completamente a sí mismo, negándose a recibir contribuciones ajenas.
8. A.A. nunca tendrá carácter profesional, pero nuestros centros de servicio pueden emplear trabajadores especiales.
9. A.A. como tal nunca debe ser organizada; pero podemos crear juntas o comités de servicio que sean directamente responsables ante aquellos a quienes sirven.
10. A.A. no tiene opinión acerca de asuntos ajenos a sus actividades; por consiguiente, su nombre nunca debe mezclarse en polémicas públicas.
11. Nuestra política de relaciones públicas se basa más bien en la atracción que en la promoción; necesitamos mantener siempre nuestro anonimato personal ante la prensa, la radio y el cine.
12. El anonimato es la base espiritual de todas nuestras Tradiciones, recordándonos siempre anteponer los principios a las personalidades.

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Los alcohólicos anhelan una bebida porque ofrece escape, relajación, compañerismo, el embotamiento de las ansiedades y una oportunidad para la liberación emocional. 

Los Orígenes de A.A.

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Los orígenes de Alcohólicos Anónimos se pueden encontrar en el programa del Grupo Oxford, un movimiento religioso popular de los Estados Unidos y Canadá a principios del Siglo XX.

Los miembros del Grupo Oxford practicaban un plan de mejora personal por medio de hacer inventarios personales, admitir los errores, hacer reparaciones, orar y meditar y llevar el mensaje a otros. A principio de los años treinta, Rowland H., un acomodado hombre de Rhode Island, visitó al renombrado psicoanalista suizo Carl Jung para buscar ayuda con su alcoholismo.

Jung determinó que el caso de Rowland no tenía solución médica y que solamente podría encontrar remedio a través de una experiencia espiritual transformadora. Jung lo encaminó hacia el Grupo Oxford.

Más tarde, Rowland introdujo a su paisano Edwin (“Ebby”) T. al grupo y los dos, junto con otros compañeros, pudieron finalmente alejarse de la bebida por medio de la práctica de los principios del Grupo Oxford.

Un antiguo compañero de escuela de Vermont de Ebby, y también compañero de tragos, era Bill W. Ebby fue a visitar a su viejo amigo a su hogar en el 182 de la calle Clinton de Brooklyn, New York, para llevarle el mensaje de esperanza.

Bill W. había tenido mucho éxito como corredor de bolsa de Wall Street, pero su alcoholismo crónico había arruinado su prometedora carrera. Ahora, a punto de cumplir los 39 años de edad, se enteró de que su problema era irremediable, progresivo e irreversible. Había ido al Hospital Towns de Manhattan buscando tratamiento médico pero seguía bebiendo.

Al principio Bill se sintió poco impresionado por la historia de transformación de Ebby y las aserciones del Grupo Oxford. Pero en diciembre de 1934 después de ser ingresado nuevamente en el Hospital Towns para tratamiento, Bill tuvo una poderosa experiencia espiritual. Su depresión y desesperación desaparecieron y se sintió libre y tranquilo.

Bill dejó de beber y, el resto de su vida, se dedicó a llevar esa libertad y tranquilidad a otros alcohólicos.

Alcohólicos Anónimos había echado raíces.